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  • Foto del escritorMaria Ruuskanen

Educación mediática: la primera línea de combate contra la desinformación

Actualizado: 5 oct 2020



La pandemia del COVID-19 y la “infodemia” (propagación explosiva de información falsa) que la ha acompañado, ha puesto en miras un problema grave que existía ya desde mucho antes: la dificultad que están teniendo las personas para distinguir entre hechos y falsedades en los medios digitales.


Según un reciente estudio de Stanford, la gran mayoría de estudiantes de nivel secundaria en los EEUU no está preparada para evaluar la credibilidad de la información en Internet. De hecho, un 96% de los estudiantes encuestados no fue capaz de concluir que la credibilidad de una página web sobre cambio climático podría verse afectada por un vínculo existente con la industria de combustibles fósiles. Asimismo, más de la mitad de los estudiantes dedujo que un video granulado divulgado en Facebook que alegaba mostrar manipulación de urnas, constituía prueba suficiente de fraude electoral en los EEUU (a pesar de haber sido filmado en Rusia).


La pandemia actual ha exacerbado el problema de la desinformación aún más. Personas de todo el mundo han muerto debido al consumo de desinformación relacionada con tratamientos de COVID-19 falsos o no probados. Los desinformadores comparten falsedades a través de memes virales, mensajes en cadena en aplicaciones cerradas e incluso a través de políticos mal informados que se hacen eco de esa información falsa en conferencias de prensa.



Fuente: GettyImages


Riesgos de la propagación de la desinformación


Uno de los mayores riesgos de la crisis mundial de desinformación es, sin embargo, que los ciudadanos pierdan su confianza hacia todo tipo de información. Este riesgo va creciendo mientras sea más y más difícil distinguir entre hechos y falsedades, publicaciones legítimas y fraudes, y entre contenido hiperpartidista y periodismo crítico e independiente. Si la veracidad de la información ya no es un requisito para guiar decisiones importantes, como por quién votar, todos los principios del sistema democrático liberal occidental entran en decadencia. En otras palabras, los sistemas democráticos están en riesgo de caer rendidos ante el golpe desestabilizador y la polarización causados por la desinformación.


¿Cómo luchar, entonces, contra este fenómeno que está llevando a sociedades modernas hacia la desintegración social?


Según sociedades como Finlandia, la respuesta está en hacerle frente a la desinformación desde la primera infancia, involucrando una amplia gama de actores sociales que concierten sus acciones bajo el concepto de ‘educación mediática’.


¿Qué es la educación mediática?


La educación mediática es el proceso a través del cual las personas se alfabetizan en medios, lo cual les permite comprender críticamente la naturaleza, las técnicas y el impacto de los mensajes y las producciones de los medios. En otras palabras, las personas alfabetizadas en medios son capaces de acceder a los medios, analizarlos y evaluarlos, así como crear contenidos, participar en la sociedad y ejercer influencia a través de los medios en todas sus formas.


En Finlandia, la educación mediática abarca los siguientes temas:


· la naturaleza de los medios informativos

· el uso adecuado (seguro, responsable, solidario, creativo) de los medios, y

· el análisis de los contenidos de los medios


Además, la educación mediática analiza cómo los medios de comunicación (especialmente los medios sociales) han ido penetrándose cada vez más en la vida de los ciudadanos, teniendo un impacto en su desarrollo y su bienestar. Todos estos temas se pueden analizar desde tres perspectivas: desde la perspectiva de la tecnología, desde la perspectiva de la autoexpresión y desde la perspectiva de la crítica social y cultural.


¿Por qué es importante alfabetizar en medios?


La Sociedad Finlandesa de Educación Mediática considera la alfabetización mediática como un derecho de todo ciudadano. En cierto modo se podría comparar con un par de lentes que necesitamos para ver con claridad. Asimismo, nos proporciona un par de tapones que nos ayuda a reducir el ruido y un compás que nos permite navegar de forma segura en el tormentoso mar de la desinformación. La necesitamos para evitar una visión borrosa y poder ejercer una ciudadanía activa, responsable y solidaria.




Finalmente, el enfoque finlandés considera la educación mediática como algo que debe abordarse desde la primera infancia, promoviendo la participación, la alfabetización en todas sus dimensiones y la comunicación en los múltiples formatos digitales, audiovisuales y telematicos. Para lograr este fin, Finlandia ha desarrollado un enfoque multiactor, donde la educación mediática es liderada por el Ministerio de Educación y Cultura a través de su Instituto Nacional Audiovisual. Esta institución pública, cuyas recomendaciones tienen carácter vinculante, agrupa a todos los principales actores sociales que promueven la educación mediática desde sus propios espacios, como las universidades, las asociaciones civiles (incluyendo la Sociedad Finlandesa de Educación Mediática y La Liga Mannerheim por el Bienestar Infantil), las instituciones educativas (nivel inicial y básico), las bibliotecas, y las asociaciones de medios de comunicación.


En otras palabras, en Finlandia, la educación mediática se considera tarea de todos, ya que su objetivo final es lograr una sociedad estable, basada en valores democráticos y en el bienestar integral de toda su población.


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